Curso 2017 "Formación Interdisciplinaria en Violencia Familiar"

Comienzo:
Jueves 3 de Agosto
a las 18.30hs
Del Maltrato Infantil a la Violencia Conyugal
2º Curso de Formación

Comienzo:
Martes 8 de Agosto
a las 18.30hs
violencia familiar
TEMARIO VIOLENCIA FAMILIAR CURSOS ACTIVIDADES


Mariana Jackeline Romero, de 15 años
fue asesinada por su pareja, un policía de 40

Por VERÓNICA TOLLER - 30/07/13 - (Enlace a Fuente)

Conmoción en Entre Ríos: El sargento la había embarazado cuando ella tenía apenas 12 años. El domingo discutieron porque ella quería ir a almorzar con su abuela y él no la dejaba salir. Le disparó con su arma reglamentaria.

Mariana Jackeline Romero, una adolescente de 15 años, fue ejecutada de un tiro en la cabeza con una pistola 9 milímetros disparada a menos de medio metro de distancia por su pareja, un sargento de Policía de 40 años. El hecho ocurrió el domingo a la una de la tarde en Concordia, 265 kilómetros al norte de Paraná, la capital entrerriana. La adolescente tenía con su asesino un hijo de un año y medio. Hacía tres que estaban viviendo juntos.

El policía Fabián Casas –que integraba la guardia de Infantería de la Policía de Entre Ríos– quedó detenido ahora en la misma Jefatura para la cual trabajaba hasta hace 48 horas. Los policías que lo detuvieron dijeron que está “en shock” y manifestó querer suicidarse.

El pequeño hijo de ambos se encuentra al cuidado de los familiares de la víctima.

Fue Nicolás, de 13 años, hermano de Mariana, quien rescató a su sobrinito cuando la discusión de la pareja se volvió muy violenta. Este hermano es el único testigo de los hechos.

Al parecer, todo comenzó como otra de las tantas peleas que tenían el policía y su pareja adolescente, a quien él había embarazado cuando ella tenía apenas 12 años.

Ambos vivían en la casa de la madre de Mariana, junto con Nicolás y otra hermana. Fue esta última quien contó ayer que Casas los tenía amenazados a todos.

Celaba a su pareja y hacía frecuentes escenas violentas de gritos e insultos.

“¿A quién querés que mate primero, a tu mamá, a tus hermanos o a nuestro hijo?”, llegó a decirle a Mariana hace poco tiempo.

Una de las cuestiones que generaban escándalo era el deseo de la chica de retomar sus estudios, que había abandonado cuando quedó embarazada de Casas. Tampoco la dejaba salir a ver amigas o a pasear sin su permiso.

Vecinos y familiares relataron a la Policía que Casas tenía “celos enfermizos”, que lo llevaban a controlar con obsesión todas las actividades sociales que ella tenía. Y que hasta le había prohibido salir de la casa sin su consentimiento.

El domingo, la cuestión estalló por el deseo de la chica de ir a almorzar con su abuela. Según testimonió su hermano Nicolás, la discusión se fue elevando porque Casas no le permitía salir bajo ninguna circunstancia. Y le gritaba: “Vos querés ir a ver machos”.

Fue entonces cuando Nicolás sacó a su sobrinito de los brazos de Mariana, que permanecía sentada en una silla con el bebé en su regazo.

“Estaban discutiendo, yo me alejé un poco con el nene y él sacó su arma y le disparó”, contó el chico, que en ese instante salió corriendo con el bebé.

“Cuando vio lo que había hecho, la alzó en brazos y salió a pedir ayuda a los gritos”, dijeron los vecinos. Alertados por el disparo, estos ya habían llamado al 101, el número del Comando Radioeléctrico local. Fue al lugar un patrullero de la Comisaría Primera. La Policía detuvo al agresor, que a esa altura ya amenazaba con querer quitarse la vida. La chica, envuelta en frazadas, fue llevada de urgencia al hospital local, donde los médicos intentaron reanimarla inútilmente. El disparo había entrado por detrás de la oreja derecha.

Poco después llegaron hasta la casa de la calle Leguizamón y vías del ferrocarril los fiscales Mario Guerrero y Germán Dri, y el Jefe de Policía, comisario Lucio Villalba. Se ordenó un dermotest (la prueba que determina si alguien disparó un arma) para Casas, el secuestro del arma utilizada y se comenzó a buscar posibles testigos.

Según los familiares de Mariana, el asesino ya tenía denuncias previas de dos parejas anteriores por golpes y violencia. La Justicia determinó la imputación inicial de homicidio calificado por alevosía y por el vínculo, un delito al que sólo le cabe la calificación de prisión perpetua. Hoy el fiscal pedirá indagar al detenido.

Por otro lado, Mabel, tía de la nena asesinada, comentó:

- El la tenía amenazada, no la dejaba salir a ningún lado. Llegaba de las guardias y debía estar ahí. Habían comprado ese lugar (donde ocurrió la tragedia) y vivían la madre y los hermanos de Mariana con ellos. Tenía celos enfermizos. Ya le había pegado pero nunca lo denunció. Quiero que se recontrapudra en la cárcel; mató una nena y dejó solo a un nene.

Nicolas, hermano de la victima, puso en alerta a los vecinos, que llamaron a la comisaria local.
Casas, se entrego a sus propios compañeros, no sin antes, amenazar con suicidarse, cosa que la policia pudo manejar, y fue inmediatamente detenido.

Al ingresar a la vivienda, la policia encontro a la menor en el piso y rodeada de un charco de sangre, por lo que sin esperar a la ambulancia, la trasladaron al Hospital Felipe Heras, pero los medicos, no pudieron salvarla.

El director de Investigaciones de la Policía de Entre Ríos, Crio. Gral. Luís Albarracín, informó:

Conforme a las investigaciones que se vienen realizando, el funcionario policial de apellido Casas, efectuó un disparo de arma de fuego que impactó en el parietal derecho de su concubina de 15 años de edad. Inmediatamente se tomaron todas las medidas y recaudos procesales con la comunicación a la Fiscalía en turno, el Dr. Guerrero y la presencia del Jefe Departamental Concordia, Lucio I. Villalba, para establecer formas y circunstancias en las que se produjeron los hechos.

Bajo estas circunstancias, el funcionario Casas, de trayectoria en la función policial, fue detenido y puesto a disposición de la justicia. Dentro de los trámites administrativos, fue puesto a disponibilidad en lo que hace al rigor de la ley 5654 que regula la actividad policial.

Las investigaciones siguen a cargo de la Policía Departamental bajo la supervisión inmediata del Juez Dr. Mario Guerrero y el Fiscal Germán Dri.
Las circunstancias bajo las que se produjeron los hechos son materia de investigación

La reincidencia en este tipo de costumbres, principalmente en el interior del pais, o en zonas rurales, no son patrones de conducta normales.

Esas anormalidades, llevan de la mano estas tragedias. (Fuente: Escena del Crimen)

“Ella era infeliz. Me daba cuenta porque no levantaba la mirada siquiera.

Nunca le vi bien la cara porque la tenía siempre baja ”. Así define Joaquín, un vecino del barrio, a Mariana Romero, la adolescente de 15 años que el domingo 28 de julio, en Concordia, Entre Ríos, fue asesinada de un tiro en la cabeza por su pareja, Fabián Casas (40), sargento y miembro del grupo especial antidisturbios de la Policía provincial.

Joaquín es uno de los pocos vecinos que acepta hablar con Clarín. Otros se acercan a escuchar y asienten, pero en silencio. “Él siempre salía armado; iba al almacén con el arma calzada. A veces incluso iba sin remera y con el arma en la cintura ”, agrega Joaquín.

El sábado 27 se enfrentaban Unión de Villa Jardín y Colegiales en la cancha de Libertad. Pero hubo disturbios y debió actuar la Guardia de Infantería de la Policía Departamental, un grupo de élite del cual Casas formaba parte. Terminaron 10 policías lesionados, él incluido. Por eso, el domingo a la mañana había ido a hacer la denuncia y no estaba en la casa familiar cuando Sandra Romero (36), la mamá de Mariana, se fue a almorzar a lo de la abuela, que había preparado canelones. “‘ Andá, mamá, yo lo espero a Fabián y vamos juntos ’, me dijo. “Debí quedarme”, se reprocha ahora Sandra.

Horacio, ex compañero de escuela de Fabián, lo recuerda de chico y adolescente como callado, introvertido.

“Más bien, ensimismado”, dice Horacio. En la Policía coinciden: “No hablaba de asuntos personales. Era muy cerrado”.

Mariana y Fabián se habían conocido hacía dos años y medio – cuando ella tenía apenas 13 –, en la salita del barrio San Agustín donde él hacía guardia. Es el barrio de la casa de la abuela, donde Mariana quería ir ese domingo a comer canelones. “En ese momento ella vivía con nosotros, en la casa de su abuela”, dice su tía Mabel Romero. Cuenta que la familia se opuso a la relación, pero “no había forma de que Mariana entendiera”.

La adolescente quedó embarazada y comenzaron a vivir juntos, en la misma casa de la abuela. “Al principio él parecía bueno”, recuerda Sandra. Y nació el bebé, que cumplió un año al día siguiente del crimen de su mamá. “Le estábamos preparando el festejo del cumple…”, dicen Sandra y las tías.

En febrero pasado, Mariana, Fabián, el bebé, Sandra, Nicolás (18, hermano de Mariana) y Graciela (16, también hija de Sandra) se fueron a vivir a la casa N° 241, entre el barrio Tiro Federal y Cantera La Cruz. Es difícil ubicar la dirección: está sobre una cortada con una única veredita de cemento, sin asfalto, a media cuadra de la calle Leguizamón y del alto talud de las vías del ferrocarril que protege de las inundaciones.

Un barrio al que la Policía califica como “muy peligroso”, pero que por la mañana en que lo recorre Clarín se ve ordenado, nada bullicioso, con poca gente circulando.

En la vivienda, de 7 metros por 5, hecha de largas tablillas de madera superpuestas, había hasta aquel domingo sólo tres camas: una matrimonial y dos individuales (una para Nicolás y otra para Sandra y Graciela). La casa no tiene baño (sólo un pozo afuera) ni paredes divisorias. En el patio de tierra hay un sauce alto, bolsas, escombros desparramados y una silla vieja. No hay flores: apenas la varita de un rosal desnudo.

A media cuadra vive Camila (13), amiga de Mariana. Tiene los ojos llorosos y escucha todo el día en su netbook el tema de Anette Montero “Un ángel llora” . Acaba de editar una imagen sonriente de Mariana, con la frase “Te extrañamos” .

“Ellos peleaban. Mariana se enojaba porque él estaba mucho en el trabajo –dice–. Él no la dejaba salir. Era celoso enfermizo. Le dijo que si no iba a ser de él no sería de nadie. La golpeaba; la cazaba de los pelos y la metía para adentro. Ella al final ya estaba cansada, se quería ir”, recuerda Camila. Ese domingo la discusión fatal estalló porque Mariana quería ir a la casa de su abuela a comer canelones y Fabián se oponía: “Vos lo que buscás es ver machos”, le gritó.

Ahora la casa está vacía. Candado en la puerta, una cortina marrón a cuadros por fuera y el foquito del frente prendido. “La pusieron en venta”, dice una vecina que no quiere dar el nombre.

Para la mamá de Camila, Mariana “ llevaba una vida re–traumada, encerrada. Ella casi no hablaba, pero tenía buenos modos. Él tiene otra familia, previa, y una mujer de esa familia amenazaba a Mariana y al bebé por Facebook ”.

Más tarde es Sandra, la mamá de Mariana, la que corrobora el dato a Clarín: “La hija mayor de Casas le escribía insultos, le decía que su hijo era un bastardo y que Casas le daba lo mejor a la familia anterior y las sobras a mi hija ”.

Lo del encierro iba desde no dejarla ir con su hermana a un baile el Día del Amigo hasta negarse a que ella volviera a la escuela que había abandonado cuando quedó embarazada.

Ese domingo, los vecinos oyeron el disparo y vieron a Casas salir con la pistola en la mano. “Luego, la enfundó en la cintura, atrás –comenta Joaquín–. Cuando llegó la Policía dijo que se iba a matar, y le quitaron el arma. Un colega vació el cargador, que tenía 5 balas. Pusieron el cuerpo de Mariana todo ensangrentado en una frazada y se lo llevaron en auto”.

La tía Mabel y Sandra no sabían que él tenía antecedentes violentos. “Recién el domingo nos enteramos porque la Policía nos dijo que había denuncias previas”, acotan. “El mismo jefe departamental, Lucio Villalba, nos contó muchas cosas”, dice Mabel, que el domingo 28 tuvo que ir a la morgue acompañada de otra tía y dos amigos. Según ella, Casas estuvo internado en la sala de Salud Mental del Hospital Felipe Heras. Y tendría varias denuncias por violencia doméstica en su legajo policial.

Pero el jefe Villalba niega esos datos: “Les mostré el legajo justamente porque no hay nada que ocultar. Nada de eso figura allí”, aseveró a Clarín. “Nunca recibimos quejas contra él”, dijo.

Villalba se reunió con el jefe de la Policía provincial, Víctor Massuh: “Vamos a tomar medidas dentro de la Fuerza, pero no puedo adelantar nada aún”, indica. Los únicos controles que hace la institución sobre el estado psicológico o las tendencias violentas de su personal son los que ejercen los jefes directos de cada área o escuadrón en el día, en el trato y contacto, dice Villalba.

Con este caso ya son 11 los femicidios en Entre Ríos este año, contra 7 de todo 2012. “No quiero ni pienso hablar con él –dice Sandra–. Nunca. Sólo quiero justicia. Y que ni se le ocurra reclamar al hijo de Mariana. Él se queda con nosotros. No puedo dormir porque la veo a ella. Y ella me dice que cuide a su hijito”. (19/08/2013) Enlace a Fuente

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