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TEMARIO VIOLENCIA FAMILIAR CURSOS ACTIVIDADES
Las mujeres que ceden para evitar violencias

Negociación y Género: Mujeres que ceden para no negociar. Cuando las mujeres dicen que ceden para evitar violencias lo primero que ocurre es que ejercen violencia sobre ellas mismas

Por Clara Coria

I.- La negociación ha sido un tema de interés progresivo en los últimos años y ha generado no poca bibliografía destinada fundamentalmente a capacitación para ser aplicada en ámbitos económicos y políticos, como también en las prácticas del Derecho en forma de "mediaciones". Sin embargo, poco se ha indagado acerca de los conflictos que genera en muchas personas -sobre todo mujeres- el hecho de negociar, independientemente de la capacitación y\o habilidades. Fascinada por lo que intuía silenciado en un tema de tanta actualidad, decidí llevar a cabo un proyecto de investigación con el objetivo de dilucidar algunos de los conflictos que generan las prácticas de negociación en muchas mujeres. Y aquí presento algunas reflexiones preeliminares.

Observando la vida cotidiana podemos constatar que todas las personas llevan a cabo intercambios en distintos niveles y ámbitos que alcanzan lo privado y lo público, lo personal y lo social, lo afectivo y lo sexual, lo comercial y lo que no lo es. En estos intercambios circulan intereses que no siempre son coincidentes y la divergencia de intereses coloca a las personas ante la necesidad de resolver dichas diferencias. En estas circunstancias las alternativas mas frecuentes utilizadas por las personas son ceder, negociar o imponer. La negociación resulta ser, de estas tres alternativas, la única que ofrece posibilidades de acuerdos y con ello la oportunidad de obtener resoluciones no violentas. Sin embargo, la negociación suele tener mala fama entre muchas mujeres y está cargada de mitos y tabúes que generan violencias internas. Muchas ceden espacios deseados -y hasta derechos legítimos- por eludirla. Hay quienes son capaces de negociar para otros pero no par sí. Asimismo, muchas no pueden implementarla como un intercambio lúdico sino como una guerra donde se juega la vida. E incluso existen personas de probada inteligencia y con experiencia en actividades públicas (comerciales, empresariales, gremiales, políticas, etc) que suelen encontrar dificultades para aplicar lo aprendido en sofisticados cursos de negociación lo cual me lleva a sospechar que los aprendizajes teóricos sobre negociación resultan insuficientes para muchas mujeres porque existen otro tipo de obstáculos. Estos obstáculos son intrapsíquicos y están directamente relacionados con la adhesión inconsciente a ciertos condicionamientos del género.

Antes que nada es necesario puntualizar que la palabra negociación deriva del latín "negotiari" que significa hacer negocios, comerciar, y que a su vez tiene su raíz en "negotium" que significa ocupación, quehacer -que es lo opuesto a "otium" que significa reposo. En un sentido acotado la palabra negociación está asociada a tratativas para resolver cuestiones comerciales y económicas pero en su sentido más amlio abarca a todo tipo de tratativas asociadas a los quehaceres, que -como todas/os sabemos- son múltiples y no se reducen a la esfera económica. Vamos a tomar aquí la palabra negociación en su sentido más amplio para aplicarla a todas aquellas tratativas que llevan a cabo los seres humanos en sus múltiples interacciones no sólo en las comerciales y políticas.

II.- En todos los talleres realizados para investigar el tema me ha llamado la atención un fenómeno reiterado. Me refiero a que con frecuencia muchas mujeres viven la negociación como una situación violenta, y para evitarla, ceden sin darse cuenta que al ceder no logran con ello resolver las diferencias. Muchas llegan a la negociación cuando agotaron todas las instancias para evitarla. Como ellas suelen decir "cuando ya no dan más" o "el hilo está por cortarse". No negocian al comienzo para fijar las condiciones sino al final y cuando el voltaje acumulado está a punto de generar explosiones irreparables. Ahora bien, si sabemos que muchas mujeres ceden para evitar negociar, debemos preguntarnos por qué ceden?

a) Ellas dicen que ceden para evitar violencias.

b) Que ceden para seguir siendo amadas y contentar a quienes aman.

c) E incluso algunas ceden porque no se les ocurre que podrían no hacerlo.

Ahora bien, cuando nos sumergimos en las complejidades del tema encontramos que detrás de estos múltiples cederes existen profundos equívocos, no pocos fantasmas y una cantidad impensada de condicionamientos de género. Veamos algunos de ellos.

a) Cuando las mujeres dicen que ceden para evitar violencias lo primero que ocurre es que ejercen violencia sobre ellas mismas, al reprimir sus deseos, ocultar sus intereses y renunciar al derecho de reclamar y ocupar un espacio posible. A esto se suma que el ceder reiterado genera resentimientos que reavivan la violencia que pretendían evitar y, con frecuencia, ponen en movimiento una "guerra fría" que no es mucho menos destructiva que la guerra deliberada. El ceder no es menos opresor que el imponer y también responde a una estructura de vínculos autoritarios. En dicha estructura, el ceder y el imponer son dos caras de una misma moneda que perpetúan relaciones basadas en el principio de la dominación. Dicho principio es el que instaura dependencias, avala jerarquías y otorga privilegios. Es importante señalar que la posbilidad de cambiar no reside en que las mujeres dejen de ceder para aprender a imponer sino en que recuperen el derecho legítimo de instalarse como sujetos para participar de una relación paritaria donde los propios deseos e intereses sean considerados por ellas mismas tanto como lo son los de la otra parte. Como vemos, la creencia de que es mejor ceder que negociar para evitar violencias, es sólo una ilusión, que además, es errónea y psiquicamente poco económica.

b) Los comentarios siguientes son muy singnificativos: Algunos mujeres dicen: "Yo no puedo negociar porque quiero estar bien con todo el mundo y temo que si pongo condiciones dejen de quererme". El temor que muchas mujeres tienen de dejar de ser queridas si contrarían las espectativas ajenas, pone sordina a sus posibles disidencias. La creencia de que el amor se gana acomodándose a los deseos y reclamos ajenos las inhilbe para poner condiciones. Por temor a no llegar a ser amada o a dejar de serlo muchas mujeres adoptan actitudes complacientes, convencidas que lo mejor que tienen para ofrecer no son ellas mismas sino los servicios que son capaces de bridar. Con frecuencia, la complacencia reiterada genera sobreadaptaciones que son vividas como naturales y obvias tanto para quien complace como para quien es complacido. Al respecto una mujer comentaba: "Es tal lo incorporado como obvio que a una se le confunde con el deseo y terminamos deseando aquello que los otros quieren que hagamos".

Un punto clave para la comprensión de esta situación reside en que muchas de ellas tieden a concebir el amor como altuismo incondicional. Y esto se superpone con una confusión bastante frecuente en nuestra sociedad. Me refiero a la tendencia a identificar altruismo con solidaridad. El altruismo se caracteriza por reclamar incondicionalidad. La solidaridad, en cambio, exige reciprocidad. Como vemos, la incondicionalidad es incompatible con la reciprocidad sin embargo el altruismo y la solidaridad siguen siendo para muchas personas sinónimos intercambiables. Esta confusión no es ingenua y mucho menos inocua. La inercia de nuestros aprendizajes de los roles de género llevan por ejemplo a que muchas mujeres se sientan en falta y desorientadas cuando se las acusa de falta de solidaridad porque se niegan a ser altruistas. El altruismo y la solidaridad comparten en nuestra sociedad un mismo pedestal pero no la misma ética, porque el altruismo favorece privilegios que la solidaridad combate.Desde esta perspectiva podemos afirmar que la negociación resulta incompatible con el altruismo pero no con la solidaridad. Preparadas para ser altruistas como expresión de feminidad, muchas mujeres presentan serias dificultades para poner condiciones y, por lo tanto, también presentan dificultades para negociar. Tironeadas entre la imposición de ser altruistas, y el deseo de ser solidarias, creyendo además que altruismo y solidaridad son la misma cosa, muchas mujeres terminan exhaustas en un mar de confusiones y sin poder negociar. Afortunadamente, algunas mujeres son capaces de abordar negociaciones de manera bastante satisfactoria, y ello nos plantea un misterio: el de comprender cómo se las ingeniaron para escapar a la trama intrapsíquica tejida a base de altruismos e incondicionalidades. Evidentemente, estas mujeres no creyeron en todo lo que les enseñaron, o tuvieron la suerte de que les enseñaran otras cosas.

c) Decía anteriormente que muchas mujeres ceden antes que negociar porque no se les ocurre que podrían no hacerlo. Al respecto deseo hacer referencia a lo que llamé los "pseudo no negociables". Con frecuencia el abordarje del tema negociación despierta posicionamientos. Están los que dicen que todo se negocia y el problema reside en encontrar "capitalistas". Están quienes se irritan y sostienen desafiantemente que "Hay cosas de no se negocian", haciendo referencia al amor, la solidaridad, la honestidad o dignidad humanas entre otros valores. E inmediatamente suelen quedar adheridos a estos valores éticos una cantidad de actitudes y comportamientos adjudicados a la feminidad como la dedicación al esposo e hijos, la asunción exclusiva por parte de las mujeres de las tareas domésticas, la distribución desigual del dinero en la pareja, la adjudicación de tiempos y espacios jerarquizados para el desarrollo personal del varón, etc. La sola idea de que se pretenda negociar las tareas tradicionalmente adjudicadas a las mujeres suele generar desconcierto seguido de conmoción, tanto en mujeres como en varones. Gran parte de estas tareas consideradas "femeninas por naturaleza" son nada más y nada menos que privilegios masculinos, sin embargo pasan a engrosar la lista de los "pseudo no negociables". De esta manera quedan automaticamente instaladas en la misma categoría de los valores éticos y en consecuencia, fuera de todo cuestionamiento. Una mujer comentó que durante 10 años acompañó a su marido a un club donde él desarrollaba una actividad muy específica y exclusiva y ella quedaba excluída sin otra posibilidad que llevar un libro para leer. Nunca se le había ocurrido "negociar" con su marido los fines de semana y buscar alternativas que permitieran la satisfacción de ambos. Para esa mujer dejar de acompañar a su marido era considerado un "no negociable", porque formaba parte de lo que ella consideraba que era la actitud "natural" de una buena esposa. Es frecuente observar que la "naturalización" de muchas complacencias femeninas convierten en "no negociables" comportamientos que nada tienen que ver con valores éticos. En estas condiciones, lo naural se vuelve obvio y lo obvio invisible, quedando así fuera de la consciencia y por lo tanto, también fuera de la negociación.

III.- Sintetizaré muy brevemente las relaciones entre negociación y género diciendo que la negociación por su sola existencia, pone en evidencia que exiten intereses personales, y que dichos intereses son divergentes porque responden a deseos particulares. Esto ya es un motivo de dificultad para muchas mujeres que viven la defensa de los intereses personales como una expresión de egoismo y la legitimación de deseos propios como una transgresión explícita. El tener que defender intereses personales prende la mecha de un conflicto intrapsíquico porque pone automaticamente en cuestionamiento el altruismo incondicional que, en nuestra sociedad patriarcal, forma parte del ideal femenino sustentado en el ideal maternal de altruismo, incondicionalidad y abnegación.

Voy a plantear como primera hipotesis que el hecho de que las mujeres cedan para evitar negociar es un síntoma que evidencia la existencia de conflictos. Como segunda hipotesis plantearé que muchos de los obstáculos que aparecen en forma de síntomas no son patrimonio exclusivo de las mujeres pero afectan mayoritariamente a ellas porque el aprendizaje del género femenino presenta condicionamientos que determinan en las mujeres mayores vulnerabilidades y menores recursos para enfrentarlos.

Abordar la negociación desde la perspectiva del género aporta claves fundamentales para comprender muchas dificultades femeninas. Por lo tanto, esta perspectiva de análisis no debería estar ausente en los abordajes tanto teóricos como clínicos.

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